La Reforma inacabada

Una ventana a la esperanza

Siempre he vivido con un secreto. Mis recuerdos de niñez son una mezcla agridulce de momentos de la alegría inocente de una niña y, por otra parte, de la tristeza y melancolía por las depresiones nerviosas de mi madre.

Me convertí en su improvisado apoyo emocional, para lo cual hay que estar desarrollada física y mentalmente. Me tocó desarrollar a contrarreloj mi empatía, comprensión…; aprendiz de psicóloga, psiquiatra, enfermera, consejera matrimonial… Demasiado para una niña: la mochila debería venir vacía desde la niñez, y cargarse ya con las experiencias de la adultez, no llegar a ella cargada ya con pesadas piedras, con piedras que no son tuyas, porque después, cuando llegas a la cuarentena, la mochila pesa demasiado y te fuerza a parar, mejor dicho, las depresiones te hacen parar.

El secreto que comentaba al principio, como bien habréis adivinado, estaba relacionado con los problemas emocionales de mi madre. En la década de los 80, se decía “está delicada de los nervios”. En casa estaba la consigna de no contarle a nadie ni que tenía depresiones, ni de que iba al psiquiatra, ni que tomaba medicación… por miedo a la estigmatización.

Cuando ella estaba mal era todo oscuridad, persianas medio bajadas, silencio impuesto, desesperación, impotencia… En contadas ocasiones podía llevar amigos a casa.

Todo esto deja unas cicatrices en la persona que se está desarrollando. Yo comencé con ansiedad en la adolescencia y aumentó en la universidad junto con la aparición de la depresión. Eran finales de los 90 y en España, aunque había bastante gente con problemas de ansiedad y de depresión, no había tantos como ahora, además de que no existía la concienciación y el conocimiento generalizado que se está consiguiendo a día de hoy. En aquella época, mi madre se quedó sin su psiquiatra de siempre (el hombre enfermó y cerró su consulta sin avisar y sin derivar sus pacientes a otro colega de profesión); aquello le supuso un gran revés y nosotros también lo sufrimos porque comenzó un peregrinaje por muchos especialistas privados: ninguno le gustaba, ninguno le iba bien, diagnósticos diversos, pero con la depresión y la inestabilidad siempre presente. Incluso fuimos a uno muy famoso que tiene una clínica en Madrid y que lo tiene muy bien montado… Las épocas en las que ella estaba bien se fueron reduciendo y, cada vez más, estaba mal durante más tiempo. Por entonces, yo estaba ya en tratamiento psiquiátrico, con el famoso Prozac; la actitud de los médicos de cabecera para extendernos las recetas era todo problemas, porque se juntaban la mía y las de mi madre. Y era yo la que se encargaba de recoger las recetas. Comentarios como “Esto es cosa de locos (dijo uno literalmente), me van a meter en la cárcel por hacer tantas recetas de esto”, o “¿Cómo estás tomando esto?” o “¿Por qué no estudias?” (por entonces ya tenía una licenciatura); no les iba a contar el panorama que tenía en mi casa y mis problemas de ansiedad y depresión – cuyos informes les tendría que constar-, tampoco creo que les interesara mucho.

Mi madre siempre rechazó la terapia psicológica; en cambio, sí aceptaba la medicación, la cual tomaba disciplinadamente. A pesar de ello, su ansiedad y depresión derivaron en otros problemas psiquiátricos convirtiendo sus últimos 20 años de vida en un infierno para mi padre y para mí, pues no sabíamos cómo tratarla, cómo manejar su inestabilidad emocional, sus alucinaciones auditivas, su comportamiento psicótico, todo lo cual a mí me provocaba mucha impotencia… Para entonces, su psiquiatra privado la había derivado a salud mental de la sanidad pública, incapaz de que hubiese mejoría.

Con la sanidad pública las visitas eran semestrales, salieron diagnósticos nuevos como el Trastorno Histriónico de la Personalidad, junto con Fobia Social, Distimia y algún cuadro psicótico… Muchas veces, cuando le tocaba ir no iba, pues dormía mucho y no salía apenas de casa; iba mi padre para informar o consultarle a la psiquiatra, la cual le decía a mi padre que si la paciente no estaba delante no podía decirle nada.

Nunca la ingresaron, estuvieron a punto muchas veces, todo recayó en nosotros. ¿No se podía haber dado algún tipo de atención y de orientación a la familia?

Hace dos años le diagnosticaron un cáncer de pulmón metastásico y nunca había fumado.

Así de duro, de jodido. El cabrón cuando dio la cara era ya demasiado tarde. De los seis meses de vida que le dieron, duró la mitad.

Con su historial psiquiátrico, ¿hacía falta decirle el fatal diagnóstico? Nos dijeron que estaban obligados a decírselo al paciente. Se lo advertimos a los médicos. Efectivamente, reaccionó mal, muy mal, no quería tomarse la medicación, no quería ponerse el oxígeno, no quería que le hicieran pruebas, en un ingreso intentó arrancarse las vías… Si ya es dura una noticia así en una persona sin sufrimiento psíquico y sus familiares, ¿qué será en un caso como este? ¿Cómo es posible que no haya atención psicooncológica en los hospitales?

Aquello coincidió cuando yo comenzaba a sentir mejoría en una depresión motivada por otras cuestiones, ya que cuando sufres de Trastorno de Ansiedad Generalizada hay algunos factores ambientales que no ayudan mucho. Cuando nos dieron la noticia, yo ya estaba en manos de Alberto Gadea y también estaba recibiendo psicoterapia (aún sigo), porque lo que yo tenía muy claro era que estaba harta de la rumia, de la ansiedad, de miedos, de las fobias, del sufrimiento innecesario y de depresiones.

No quiero que se repita en mí lo que le pasó a mi madre, he aprendido de ello. Como en un negativo, tomo como ejemplo su vida. No sé si alguna vez superaré la ansiedad y si podré prescindir de la medicación durante largo tiempo, pero ahí estoy, intentándolo. Dicen que la esperanza es bella.

Ana Torregrosa

9 de Febrero 2024

55 Comentarios

  1. Alberto

    Muchas felicidades Ana! Y muchas gracias! Muchas gracias por enviarnos este regalo que viene del cielo. Me ha conmovido tu testimonio con la exquisita sensibilidad y valentía con que lo relatas. Como desmenuzas tu periplo, vuestro periplo. Los sinsabores en el camino, imagino que con sentimientos de soledad, abandono y dejadez por parte de quien tenía que cuidaros: el psiquiatra que enfermó y no pudo transitar el cambio, especialistas varios sin lograr afinidad, médicos de cabecera sin entender la situación, otro psiquiatra que dejó de luchar por ella, las visitas semestrales en la sanidad pública, los etiquetajes, diagnósticos variados pero poco resolutivos, la falta de atención a la familia, la sensación de abandono incluso cuando le diagnostican el cáncer. Pero Ana, pese a todo lo vivido, es encomiable tu resiliencia, tu capacidad de lucha y tu fuerza para mejorar y abandonar el estado de malestar psicoemocional. Quiero agradecerte de corazón haber transmitido tus vivencias. Y también que si alguna vez existió el autoestigma hace tiempo que quedó en el olvido. Con tu actitud, con tu relato, con tu fortaleza seguro que ayudas a muchas personas que están sufriendo a nivel emocional y a sus familiares. A mi también me has ayudado. Ojalá puedas ayudar también a otros profesionales a recordar que más allá de las etiquetas y de las medicaciones están las personas. Ojalá puedas ayudarles a recordar sus inicios, donde todo era vocación, ilusión y ganas. Titulas el artículo con la palabra esperanza y lo finalizas también con esa esperanza. Ojalá contribuya al cambio, mantenemos la esperanza. Un fuerte abrazo y enhorabuena.

    Responder
    • Ana Torregrosa

      Hola Alberto, gracias a ti por esta iniciativa de darnos voz y vuelvo a repetir que ojalá todos los profesionales médicos y, especialmente, los psiquiatras, tuvieran tu inteligencia, tu sensibilidad y tu humanidad las cuales te han permitido ver más allá del diagnóstico individual e intentar crear soluciones fuera de la consulta, crear una comunidad de apoyo y de ayuda mutua, pues en la sociedad actual es difícil encontrar. Gracias de nuevo.

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      • MARIA GONZALEZ

        Es un relato muy duro, pero a la vez lleno de esperanza, siempre hay que tener una pequeña luz, gracias.

        Responder
        • Ana Torregrosa

          Decía Viktor Frank que «Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio esta nuestro poder de elegir nuestra respuesta. En nuestra
          respuesta yace nuestro
          crecimiento y nuestra libertad.»
          Si hay alguien que puede saber de resiliencia y de esperanza ése es Viktor Frank, psiquiatra y neurólogo que estuvo tres años en varios campos de concentración y vivió para contarlo. Un abrazo.

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          • Bautista Such Martínez

            Hola Ana gracias por contar tu experiencia. Ahora mismo no se que más decirte,solo que ánimo y a seguir adelante, espero que encuentres mejoría o estabilidad. Qué a los enfermos mentales nos hace mucha falta. Un beso y un abrazo 🤗

        • Ana Torregrosa

          Hola María, te había contestado en otro mensaje con una cita de Viktor Frankl, sobre que entre el estímulo y la respuesta hay un espacio y en ese espacio está nuestro poder de elegir nuestra respuesta y ahí está nuestro crecimiento y libertad. Aunque algunas veces sea muy difícil, siempre hay que tener esperanza. Un abrazo.

          Responder
      • Raquel Auñón Campayo

        Ana, lo primero darte las gracias y mi apoyo por tu dura experiencia y la valentía de contarlo, y lo segundo, decirte que me siento totalmente identificada contigo, salvando muy pocas diferencias. Alberto sabe por qué, ya que fue el mejor psiquiatra de mi madre. Aunque sea muy difícil mantenerse a flote con esa mochila hay que seguir peleando, espero que estar aquí nos ayude y también a otras personas. ¡Nos queda la esperanza! Un abrazo, Raquel.

        Responder
        • Lola

          Hola ! Ana eres muy valiente y muy luchadora en el relato te defines muy bien, yo también conozco ese mundo desde hace muchos años y tienes mucha razón no siempre encuentras profesionales que te ayuden yo he tenido algo más de suerte que tu en ese aspecto pero queda mucho camino que andar pero con proyectos como este y gente como Alberto se puede ir avanzando que es lo importante siempre un paso adelante mucho ánimo y suerte

          Responder
          • Ana Torregrosa

            Hola Lola,
            Lo de valiente y luchadora no lo sé, pero creo que era una necesidad dar mi testimonio en un lugar como éste por si puede servir de ayuda a otras personas aprovechando la oportunidad que nos ha dado Alberto. Un abrazo.

        • Ana Torregrosa

          Hola Raquel, entonces seguro que me entiendes perfectamente, son situaciones que nos han tocado pero hay que intentar sacar lo mejor que se pueda, a pesar de la mochila. Seguro que nos ayudamos entre todos. Un abrazo.

          Responder
      • Bea

        Hola ana por la mencion Alberto Gadea…por unos motivos he pasado por varios psiquiatras.A pesar de estar pasando una etapa complicada solo puedo decir que lo mejor que me ha pasado en estos tres años es conocer alberto,resaltar su calidad humana,profesionalidad,implicacion y querer que sus pacientes se recuperen.

        Responder
        • Ana Torregrosa

          Hola Bea,
          Siempre resalto de Alberto su calidad humana y creo que es fundamental en un profesional de la salud y más en un psiquiatra. Espero que esa etapa complicada se pase pronto. Un abrazo.

          Responder
    • Rosalia Ruiiz

      Me ha llegado al corazón,yo que soy tan introvertida me gustaría tener ese don para escribir

      Responder
      • Ana Torregrosa

        Hola Rosalía,
        Yo no soy muy extrovertida, soy una persona más bien tímida pero lo de este artículo creo que es porque son unas ideas y vivencias que tenía muy interiorizadas y claras desde hace tiempo. Quizás, lo mismo, escribo otra cosa y no sale igual. Es cuestión de ponerse y escribir tus sensaciones sobre lo que has vivido e intentar describirlas. Un abrazo.

        Responder
  2. Nati

    Ana, siento mucho el camino tan duro que te ha tocado recorrer, pero te doy las gracias por contarlo de una manera tan sincera y con delicadeza al mismo tiempo. Un camino muy duro, pero cargado de esperanza. Mil gracias de nuevo por tu valentía y resilencia.

    Responder
    • Ana Torregrosa

      Hola Nati, no quería hacer más madera del árbol caído, me he guardado otras muchas cosas, pero creo que es mejor alternar delicadeza y relato duro y sincero, pero sin extenderme mucho. Un abrazo

      Responder
    • Rocio García

      Que duro. Que vida mas cruel. Gracias por compartir tu historia Ana.un fuerte abrazo.

      Responder
      • Ana Torregrosa

        Hola Rocío, es verdad que lo que he contado es lo que he vivido y eso me ha dejado carencias pero no lo veo tan cruel (quizás el cáncer de mi madre ha sido lo más fuerte), también he vivido cosas buenas y prefiero ver globalmente mi vida de una forma positiva. Un abrazo.

        Responder
  3. Maria José Campello Zamora

    Gracias Ana por tan valiosa aportación.un abrazo, lo lograremos.

    Responder
    • Ana Torregrosa

      Hola Maria José,
      Muchas gracias, poco a poco, claro que sí. Un abrazo!

      Responder
      • María José García Gonzalez

        La vida que está persona llevó ,a través de los años …
        Fue muy fuerte, pues se nota que ella ,aún era muy joven y sin formar para ayudar a su madre que tanto la necesitaba en aquéllos momentos!!!…Gracias por tu testimonio y valentía par contarlo.Con esto , estas ayudando a muchísimas personas que están , o estuvieron , en esa misma situación .Alberto ,tu trabajo es grandioso!!!!Sabes que sin ti, nada seria igual.Tus amigosToño y María José.Un brazo.
        .

        Responder
        • Ana Torregrosa

          Gracias María José,

          Al ser hija única y por mi carácter recayeron en mí responsabilidades que no me correspondían pero es algo más común de lo que parece. Me alegra mucho poder ayudar a más gente con mi testimonio. Un abrazo.

          Responder
  4. Juan

    Hola espero que mejores que la enfermedad mental es muy dura para los enfermos y para la familia y gracias por contar tu experiencia personal mucha fuerza y un abrazo juan

    Responder
    • Ana Torregrosa

      Hola Juan, mi principal motivación es que el relato de mis vivencias ayude de alguna manera a otras personas. Gracias por leerlo, un abrazo

      Responder
  5. Maria Jesús

    Buenos días Ana, “maestra”, si porque así lo he sentido al leerte, conocía en trazos generales tu historia vital pero al leerte, con tanta calidad en tu descripción he sentido tu experiencia y las dificultades a las que te has enfrentado. Has sido capaz, pese a todo, de tener conciencia clara de tu realidad, “maestra”, de darte cuenta de lo importante que es no tener cuarto obscuro con telarañas y sacar, sacar…y como no, valorar que pese a la dureza de tu relato te has erigido luchadora y conectada a la Vida, todo un ejemplo, claro que es un canto a la Esperanza… y seguirás abriendo puertas y ventanas para que entre la luz pero que sepas que tú también eres Luz, “maestra”, no lo olvides.Gracias por haber sido capaz de sintetizar tantas emociones y tantas huellas de dolor, tú energía es Preciosa y tienes mucho que enseñar, es una suerte tenerte en el grupo, Un gran abrazo “maestra”.

    Responder
    • Ana Torregrosa

      Hola Maria Jesús,
      Durante mucho tiempo caí en el error de contar estas cosas al destinatario equivocado, pero algo dentro de mi decía que no desfalleciera que algún día encontraría a la gente adecuada. De estos temas está claro que sólo los entiende personas que hayan pasado por la mismo. De oscuridades ya he tenido bastante, y como dices tú, sé que hay que abrir la ventana para que entre la luz y para también sacar, sacar… Muchas gracias, un abrazo.

      Responder
  6. Manu craveiro

    Me emociomo leer tu realidade me anima pensar que de todo se sale y ir y pedir ayuda al sicologo no siga.siendo tabú para algunas personas te doy las gracias por sentirte libre en contar tu verdad besos mil

    Responder
    • Ana Torregrosa

      Hola Manu,
      Claro que de todo se sale, pero se necesita tiempo y ayuda, mucha ayuda y también trabajo personal. Hay mucha gente que debería de haber ido a un psicólogo hace mucho tiempo pero no van porque piensan que es de débiles y lo más gracioso de todo es que saben en su fuero interno que necesitan ayuda. Esto no es cuestión de duros o débiles, es cuestión de tener la inteligencia de pedir ayuda cuando se necesita. Un abrazo

      Responder
  7. Fracisco

    Lo siento mucho

    Responder
    • Fracisco

      Yo también tuve una infancia dura q me ha pasado factura y he tenido momentos duros

      Responder
    • Ana Torregrosa

      Hola Francisco,
      Son las vivencias que he tenido, pero no hay que quedarse nunca anclado en el pasado. Un abrazo

      Responder
  8. Mara

    Me emociono a leer toda la realidad del párrafo ,muchas gracias

    Responder
    • Pedro

      Lo siento mucho todo lo que has pasado.
      Me ha emocionado mucho y como dices siempre hay esperanza.
      La esperanza es lo último que se pierde.
      Gracias.

      Responder
      • Ana Torregrosa

        Hola Pedro,
        Siempre hay que mirar hacia adelante, aunque a veces cueste y haya baches, y del pasado aprender. Un abrazo

        Responder
    • Ana Torregrosa

      Hola Mara,
      Es lo que me ha tocado vivir, pero no hay que quedarse ahí en el pasado, sino aprender del mismo y seguir adelante. Un abrazo.

      Responder
  9. M. Carmen

    Aún quedan cosas por cambiar pero por suerte ya han cambiado varias. Como dice el también Dr. Mario Alonso Puig, «que el miedo te gobierne o que la fe te dirija.»

    Responder
    • Pilar García Moreno

      Gracias Ana por tu valentía al contar tú triste y penosa experiencia con tu querida madre. Yo no tanto, pero los muchos años de melancolía de mi madre hasta su fallecimiento me han pasado factura psicológica. Cómo muy bien explicas, nadie extraño puede entenderlo y se vive en la soledad de la familia, casi escondiendo el problema, y agradecidos al tratamiento y medicación para sobrellevarlo. Eres un gran Ser humano. Te lo agradecemos

      Responder
      • Ana Torregrosa

        Hola Pilar,
        Creo que es difícil escapar de que la depresión de un familiar muy cercano no te haga mella, creo que depende también del grado de sensibilidad que tengas y de la conexión que tengas que esa persona. Y mucha soledad sí, mucha por todas partes. Un abrazo

        Responder
    • Ana Torregrosa

      Hola M. Carmen, afortunadamente van cambiando y, entre todos, y con iniciativas como la de Alberto seguro que cambiarán más. Un abrazo

      Responder
  10. Cristina

    Buenos días Alberto .En primer lugar Ana ,gracias por hacernos partícipe de tu historia tan dura con tu madre ,y cómo ha repercutido todo ello en tu vida. Tienes que estar muy orgullosa de cómo lo has llevado y a pesar de todos los obstáculos que la vida te ha puesto tu resiliencia es admirable ,tu lucha y tus ganas por estar bien .Es normal que todo ello haya hecho mella en tí ,pero hiciste lo mejor que pudiste desde niña ,el papel de madre ,cuidadora ,y no puedes culparte de absolutamente nada.Me ha emocionado mucho tu relato ,gracias por compartirlo ❤️.Un abrazo enorme 🫂 y has tenido la gran suerte de dar con un magnífico psiquiatra y persona como es Alberto,que se preocupa de verdad por todos los que le necesitamos.

    Responder
    • Ana Torregrosa

      Hola Cristina,

      A pesar de las conductas aprendidas o de la tendencia genética a la depresión, la mejor enseñanza es no repetir ciertas conductas que no son muy sanas para la salud mental, esa es la lucha personal .
      ¡Sí, tenemos mucha suerte de tener a Alberto de psiquiatra!
      Un abrazo

      Responder
  11. SAGRARIO MERO

    Ana, siento mucho el camino tan duro que te ha tocado recorrer, pero te doy MIL gracias por contarlo de una manera tan sincera y con muchísima empatía al mismo tiempo. Mil gracias de nuevo por tu valentía y resiliencia.

    Responder
    • Ana Torregrosa

      Hola Sagrario,
      No quería caer en el dramatismo porque hay esperanza, pero con la ayuda profesional adecuada, hay algunos «profesionales» de la salud en la pública, empezando por la atención primaria y acabando en especialidades, que de profesionales no tienen nada, y en la privada igual. Yo lo he vivido por doble, con mi madre y en mí misma. Un abrazo.

      Responder
  12. José Tomás P. Sogorb

    Gracias Ana por tu testimonio.
    Leyendo tu experiencia me ha venido a la cabeza un maravilloso libro » Ese dolor no es mio».
    Puedo empatizar con esa niña que le tocó sufrir algo ante lo que no estaba preparada.
    Con tu testimonio has plasmado la otra cara de la moneda, la de los familiares de personas con enfermedad mental, cuando el sistema deja fuera a esas personas también deja indefensas a muchas familias.
    Mucho ánimo y con fuerza hacia adelante!

    Responder
    • Ana Torregrosa

      Hola José Tomás,
      No conocía el libro pero el concepto de cargar con las piedras de los progenitores sí. La atención a la salud mental de niña desde un punto de vista preventivo en mi caso ha sido «0», también eran otros tiempos, eran los años 80. Pero es lógico pensar que si una madre tiene esos problemas de depresión eso le puede influir a la hija. Gracias por los ánimos. Un abrazo.

      Responder
  13. Jordi

    Hola, Ana. Me entristece y conmueve la vida que te ha tocado vivir, y mi más sincero pésame por el fallecimiento de tu madre por el maldito cáncer. Pero a su vez me alegra ese espíritu de lucha que siempre has tenido. Tienes razón en que hay mucha gente que debería ir a terapia, pero que no van por vergüenza o porque consideran que están bien y es algo pasajero. Craso error. Además, el trato de muchos especialistas en estos casos delicados dejan mucho que desear. Solo puedo decirte que no pierdas nunca esa fortaleza y te mando muchísimo ánimo. Un gran abrazo.

    Responder
    • Ana Torregrosa

      Gracias Jordi, el espíritu de lucha va y viene. Sobre la gente que no va a terapia, yo creo que es por los prejuicios que tienen al respecto, porque nos consideran a los que vamos como débiles y su ego no les permite reconocer que necesitan ir. Un abrazo.

      Responder
  14. Joaqui

    Ana es precioso y duro a la vez. El día que nos conocimos y nos sentamos al lado no fue una casualidad, sentí que tenía una compañera que había tenido una experiencia de vida similar en muchos aspectos, con cicatrices parecidas. En ese momento la niña asustada que todavía aparece en mí se sintió fuerte y comprendida. Gracias porque me has ayudado mucho al leer tu historia con esa esperanza que nunca se tiene que perder. Eres luz Ana!! Muchas felicidades y sobre todo muchas gracias. Que maravillosa certeza saber que la vida aunque ha sido dura, nos ha llevado al sitio correcto, a este maravilloso grupo!! Un súper abrazo 🤗💎

    Responder
    • Ana Torregrosa

      Hola Joaqui,
      Yo creo que no fue casualidad que nos sentáramos juntas…
      Son vivencias que no son agradables de contar especialmente cuando eres niña, es algo que te callas, lo ocultas, te avergüenzas, por miedo a la incomprensión de los demás, te acostumbras a seguir viviendo con ello con la poca ayuda de unos pocos miembros de la familia. Pero bueno, el destino nos ha hecho que coincidamos en este maravilloso grupo con la esperanza por bandera. Un abrazo muy fuerte!!!

      Responder
      • Lourdes

        Hola Ana, un relato muy duro y muy bien relatado, de todo lo que narras se puede ver que no ha sido nada fácil tú vida y tú desarrollo, personal y emocional, tampoco el de tus padres. Aún así es muy esperanzador leer, que ves esperanza y estoy convencida de que la hay.
        Me hago eco de una promesa que a mi me mantiene viva esa esperanza y seguro a ti y a los que la lean también.
        «Por qué sé muy bien lo que tengo en mente para ustedes-afirma Jehová – Quiero que tengan paz y no calamidad. Quiero darles un futuro y una esperanza. (Jeremías 29:11)
        Continua adelante seguro que todo mejorará. De momento vive un día tras de otro
        Un gran abrazo

        Responder
        • Ana Torregrosa

          Hola Lourdes,

          Que las piedras en el camino no sean obstáculos sino que nos ayuden a pasar el río. Un beso.

          Responder
  15. Maria Jose Fuster

    Ana, he tenido la suerte de ser casi la primera persona en conocer con los ojos directamente en la comida en Alicante, porque tuve la suerte de sentarme enfrente de ti. Percibí toda esa profundidad, humildad, inteligencia, sensibilidad, amor, esfuerzo, sinceridad y un montón de adjetivos más que podría encontrar para definirte. Definir a alguien que lucha toda su vida por tener una vida mejor y por enfrentarse a los fantasmas. Cuanta mochila llevamos muchos, sí. Tu historia ha hecho recodar la mía, con un padre con depresiones y alcoholismo, que fue bastante autoritario conmigo y con mi madre. Un padre y una madre que con el tiempo acabaron con demencias diversas y a los que todos mis hermanos tuvimos que cuidar. Que impacto tuvo aquello en mi salud física y mi salud mental. Y que impacto también en mi resiliencia y en mi capacidad de sentir. En una vulnerabilidad que siento que comparto o empatizo contigo. Una vulnerabilidad que considero algo positivo porque nos deja sentir, aunque muchas veces sean sentimientos que preferíamos no tener, pero que también nos dan la oportunidad de compartir y de sentir lo mejor de las otras personas, como en este caso tu relato. Quiero decirte que me siento muy afortunada de conocerte y que espero que podamos recorrer un camino de apoyo mutuo largo, lleno de lo que venga, de risas y de lágrimas. Termino dándote las gracias de nuevo por compartir desde ese espacio tan cálido y profundo en que lo has hecho y además cargado de dignidad y visibilidad. No solo por firmar con tu nombre y apellidos sino por ir contestando cada comentario que te han hecho. Me quito el sombrero querida!

    Responder
    • Ana Torregrosa

      Hola María José,

      Me has dejado sin palabras… ¡Ya me gustaría a mí tener tu energía, vitalidad y positividad! A ver si aprendo de ti.
      Yo también me siento muy afortunada de conocerte y así también espero que podamos compartir ese camino de apoyo mutuo.
      ¡Un beso!

      Responder
  16. Paco y Maite

    Cierto…, tu mochila empezó a pesar demasiado pronto. Te tocó llevar esas piedras inevitablemente.

    Pero las piedras del estigma social…, son las que sobran.
    El peso de no haber encontrado la asistencia adecuada en el momento que lo necesitabas…, sobra.
    Ya era suficiente con la tarea que te correspondía, de forma irremediable.

    Tu relato muestra esa capacidad de transformación y de mirar la realidad acorde con el mensaje que mencionas de Viktor Frankl.

    Mucho ánimo y esperanza.
    Y con la ayuda del Dr. Gadea y de la psicoterapia, todo irá quedando como parte del pasado.

    Responder
    • Ana Torregrosa

      Hola Paco y Maite!! Sí, esto es pico y pala, todo reto.
      ¿Qué se puede hacer con el dolor sino transformarlo? Un abrazo!

      Responder

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